Con una buena higiene y revisiones periódicas, un implante puede durar muchísimos años, a menudo décadas. Lo que más influye en su duración es el cuidado de las encías y del hueso que lo rodean, por eso el mantenimiento es tan importante como la propia colocación.
Esta información es de carácter orientativo y no sustituye un diagnóstico individualizado en consulta.
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